Una clase no es un todo, son múltiples posibilidades.

Silla con asiento de mimbre
¿Cuál es tu imagen de ‘silla’?

En la entrada anterior, hablaba de la realización de entrevistas a personajes públicos como tarea para la asimilación de los usos de ser y estar, apuntando entonces que no se trata solo de producir frases para comunicarse con estos verbos, sino de entender el concepto representado por cada uno de ellos. Al explicar por primera vez la diferencia genérica entre estos, suelo pedirles que piensen en su idea mental del objeto “silla” y lo asocien con ser, luego les pido que piensen en una silla rota -que le falte una pata o tenga el respaldo roto, etc.- y que lo asocien con el verbo estar. A continuación, les hago una pregunta: “¿A qué imagen asociáis la palabra silla cuando la escucháis o leéis, a la imagen que pensasteis primero o a la imagen de la silla rota?”

silla amarilla de madera

Entonces les invito a pensar por qué les he pedido esa asociación entre los dos verbos y las dos imágenes. Son ellos los que intentan primero descubrir dónde está la diferencia entre ambos verbos. Lo que pretendo es que entiendan el rasgo inherente al que se asocia el verbo ser mientras que lo circunstancial -no necesariamente lo cambiable o mutable que puede afectar a la silla- se corresponderá con el verbo estar. Esas dos condiciones, al analizar varios ejemplos más, entenderán que no son fijas y obligatorias, es decir, que lo inherente puede -insisto, puede- mutar para pasar a formar parte de otro grupo y lo mutable puede ser fijo desde o para siempre -es difícil que no entiendan esto con el elemento “estar muerto”-. Estamos hablando de una introducción a estos dos verbos, distintos, pero con caminos cruzados en muchos casos. Sin embargo, no pretendemos establecer una relación indisoluble -la gramática cognitiva nos lo ha mostrado ya en diferentes artículos y reflexiones– por lo que introducir otros verbos como tener o haber puede ayudar a romper ese paralelismo que tantos quebraderos de cabeza nos ha traído durante tanto tiempo.

Silla Phillippe StrackPero esto no se lo digo yo de entrada, lo irán deduciendo poco a poco y por sí mismos preparando esa entrevista con la que acabarán creando algo de interés. Lo cual no nos garantiza al cien por cien el éxito en la comprensión de uso, cierto, pero se acerca bastante. Si el interés por el producto que generan no es solo suyo, sino que puede interesar a otros, se hará más atractivo para ellos, pues se sentirán valorados por terceras personas, y buscarán llegar a entender estos dos verbos por encima de frustraciones, que siempre las hay. Lo que sí es más que recomendable es, como profesores, leer mucho sobre lo que la gramática cognitiva ha aportado en los últimos años a la forma de enfrentarse a problemas como este, dejando atrás mitos que más que ayudar, confunden a los estudiantes. Basta con empezar con la Gramática básica del estudiante de español, de Editorial Difusión, y continuar con otras obras de A. Castañeda Castro, J. P. Ruiz Campillo, R. Llopis García, etc.

¿Resultados? Hay que facilitarlos.

Solo queda ir asociando los datos del personaje a las imágenes de las sillas que planteaba anteriormente. ¿De dónde es? ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¿Cómo está? Al protagonista de la entrevista no se le van a hacer todas las preguntas, al menos de esa manera, pero los estudiantes van asimilando esas diferencias. El profesor tiene que ir dirigiendo las preguntas posibles hacia la reflexión sobre esa polaridad entre los verbos que estamos trabajando; facilitar la deducción de los alumnos para que, con ayuda de los resultados en la diferenciación entre ser y estar, se sientan motivados. Las preguntas no son fijas ni tenemos un objetivo de usar esta o aquella, serán las que consideren oportunas los estudiantes. Como ya comenté en la entrada anterior, no se trata de trabajar solo con estos dos verbos, pues eso no conlleva esa pincelada de realidad que es fundamental para la motivación a la hora de trabajar en clase.

Silla coja

Los resultados de los que hablo aparecen, aunque de distinta manera. Debemos ser conscientes en todo momento de que la forma de aprender de cada estudiante es diferente. Por ello, nos apoyaremos en aquellos estudiantes que antes asimilen los conceptos, para que sean ellos quienes refuercen lo aprendido ante sus compañeros y estos puedan llegar también a resultados. Todo ello, no hay que olvidarlo, bajo la atenta mirada del profesor, que puede ejercer de libro de gramática ante las preguntas de los estudiantes, en una evolución de su función mucho más práctica que la de la clase magistral, o anticiparse a los problemas que vayan surgiendo en cada grupo para facilitar su resolución a través de acciones puntuales que hagan a los estudiantes buscar su propia solución. Lo que buscamos es que el alumno sienta la necesidad de actuar y para ello lo debemos activar emocionalmente.

Problemas de número, continuidad…

Muchas sillasNo hace mucho, en un encuentro de profesores, una compañera nos planteaba que trabajaba con más de 70 estudiantes en un aula -no lo recuerdo exactamente pero podían ser más- y que le resultaba imposible hacer una clase en la que todos los alumnos participaran. Al sugerir el trabajo en grupos, donde hubiera estudiantes que se encargaran de liderar determinados procesos, según sus capacidades, para que así la profesora pudiera atender a todos los subgrupos al tiempo que estos producían, nos comentó que no era partidaria de los liderazgos. Entiendo que no se trata de generar un líder que siempre demuestre sus capacidades superiores en gramática, etc. Suelo dirigir el trabajo en grupos buscando determinadas habilidades de cada uno de los participantes y, seguro que alguien lo habrá experimentado como yo, el estudiante que creemos más lento o con menos capacidades de asimilar conceptos suele ser capaz de aportar más de lo que nos pensamos.

Una de las acciones en clase que mejor acaba funcionando es la verbalización/representación gráfica de lo que se ha aprendido y qué mejor manera de hacerlo que explicándolo/dibujándolo a quienes, por diferentes motivos, tardan más en entenderlo. Eso sí, es labor del profesor hacer que ese papel del miembro que más ha tardado en entender se entienda como parte facilitadora del proceso y que, en las siguientes actividades esto pueda cambiar, recurriendo a aquella característica positiva de este alumno. No podemos ignorar que todos tienen alguna característica que nos será de ayuda en algún momento del trabajo colaborativo. Todos. No se trata de buscar líderes, sino de dar el liderazgo en el trabajo en equipo a cada estudiante en el momento adecuado. Por supuesto, es difícil, pero también lo es hacer que entiendan la diferencia entre ser y estar en una clase magistral -los resultados, aunque a veces no lo queramos ver, también son frustrantes-.

Asiento MetroOtra dificultad está no en el número de estudiantes, sino en el tiempo que pasan en clase. Resulta difícil conocerlos bien en poco tiempo, por lo que tendremos que seleccionar bien las preguntas que haremos al comienzo del curso para recoger la información necesaria. Es aquí donde podemos integrar las TIC de manera óptima, para generar un grupo virtual en el que ellos se vayan conociendo y del que poder recopilar información que forma parte de la evaluación que acompaña al proceso de enseñanza/aprendizaje. Confrontando intereses fuera de la clase o necesidades y objetivos dentro del aula, dando lugar a actividades externas al centro donde trabajamos o preparadas por este, etc. podremos dar respuesta a preguntas sin necesidad del cuestionario directo, al menos en temas con los que se pueden sentir amenazados si piensan que se está evaluando sus conocimientos sobre la materia. Esto sí representa lo natural de lo que hablaba en la entrada anterior.

Para la creación de esa red entre estudiantes hay decenas de opciones, recientemente compartía esta en Twitter si les gusta la lectura. También están los grupos que pueden formar en Facebook y donde pueden llegar a construir un lugar donde seguir aprendiendo, como demuestra el proyecto Facebook ELE, de Marcela Fritzler, o en sitios orientados al ámbito educativo, como Edmodo o Remind. Cada una funciona de una manera diferente, por lo que es posible adaptar las necesidades de nuestros grupos a lo que estas redes ofrecen. Entiendo que una buena forma de profundizar en la reflexión sobre comunidades de aprendizaje, su concepto y los elementos que engloban es leer este artículo de Gairín Sallán (2006). Si bien las nuevas tecnologías han avanzado mucho en los últimos años, este catedrático de Didáctica menciona ya aquí todo aquello sobre lo que hoy seguimos trabajando para formar grupos de aprendizaje más allá de la organización clásica del aula. Es un buen punto de partida, si no conocemos mucho sobre el tema.

Diseñando espacios físicos

Y dentro de las dificultades más generales, es importante mencionar la disposición de la clase, a la que tendremos que dedicarle tiempo si  vamos a trabajar en parejas, compartiendo información, cooperando entre grupos, etc.

Sillas en círculo

No podemos preguntarles cómo les gustaría que distribuyéramos las sillas si estamos en una sala donde los pupitres se encuentran anclados al suelo, pero aún recuerdo una clase en la que todos decidieron que las tareas de relacionar tarjetas las iban a hacer sentados en el suelo aprovechando el espacio que quedaba delante de las sillas. ¿Esta posibilidad habría surgido en una clase de estudiantes adultos de cierta edad? No, probablemente. Se produjo en una clase con estudiantes que no superaban los 30 años de edad. Eso es sobre lo que hay que reflexionar, pues escribiendo esta entrada he recordado cómo un compañero de universidad ya jubilado -sí, compañero de universidad- me confesó que a él, ver al profesor sentado tras la mesa elevada de un aula magna, le daba tranquilidad y le ayudaba a concentrarse mejor que cuando el profesor se paseaba entre las filas de pupitres. Para gustos, colores, ¿no? Y todos respetables, pues actualmente resulta difícil negar los diversos estilos de aprendizaje existentes entre aquellos que denominamos estudiantes, tal y como mencionan Cabrera y Fariñas (2005).

Ya sea en el contexto o no de una revista de clase, etc. se nos plantean varios pasos a tener en cuenta antes de realizar el propio cuestionario que enviaremos al personaje, volviendo a la actividad que vengo mencionando en las últimas entradas. Empezando por el proceso de documentación, pues no se puede entrevistar a alguien sin saber, al menos, algo sobre él. Ese proceso de documentación nos llevará de nuevo a redes como Twitter, Instagram o Facebook, donde encontrar datos que en muchos casos no son lingüísticos, sino que los podemos conseguir a través de fotografías, enlaces o etiquetas recurrentes en su participación en redes sociales. No olvido que el nivel de los estudiantes puede ser muy bajo y, en ese caso, deberemos adaptar su tarea a los conocimientos que tengan -el uso de fotografías publicadas en redes puede aportar mucha información sin necesidad de saber mucho español-. Cabe resaltar que si el grupo trabaja de manera activa en Facebook u otras redes sociales con tareas como las descritas en párrafos superiores, estas pueden servir de punto de contacto con los personajes a los que quieren entrevistar y se hará de manera bastante natural, pues igual que interactúan entre ellos, lo podrán hacer con aquellos a los que quieren conocer mejor por su condición de personajes públicos.

Silla antigua

Pero, ¿y si damos con estudiantes poco o nada interesados en las nuevas tecnologías? Siempre hubo otros medios -periódicos, revistas, documentales, etc. en español o en la lengua materna de los alumnos- para poder documentarse. Este es un punto que me parece importante mencionar, pues debemos pensar y reflexionar junto a los estudiantes si la tarea de recurrir a hemerotecas o similares es para ellos mucho más fácil que aprender ciertas nociones en relación con internet y las redes sociales. Quizá nos sorprendan y puedan entender esto como un buen momento para aprender sobre estas herramientas que, si llegan a conocer, les pueden facilitar la vida.

En fin, me gustaría ir cerrando este pequeño ciclo sobre los cambios en el planteamiento de mis clases, al menos por el momento, con una última entrega en la que hablar de los manuales y su papel en todo este proceso, pues son los que en origen motivaron estas entradas del blog. Por tanto, prometida queda una nueva y última reflexión sobre este tema en concreto, aunque vendrán algunas más que ya están creciendo por aquí.

Bibliografía.

Aletá Alcubierre, E. Ser y estar con adjetivos. ¿Cualidades y estados? Revista Nebrija de Lingüística Aplicada, 2(2). 2008

Cabrera Albert, J.S. y Fariñas León, G. El estudio de los estilos de aprendizaje desde una perspectiva vigotskiana: una aproximación conceptual. Revista Iberoamericana de Educación, Vol. 37. Nº1. 2005.

Castañeda Castro, A. Enseñanza comunicativa de la enseñanza del español: actividades para el aula. Actas I ASELE. 1998.

E. Vázquez, G. (2008). Diez tesis sobre la dicotomía ser/estar:: una puesta en escena discursiva.. Revista Nebrija de Lingüística Aplicada, 2(6).

Gairín Sallán, J. Las comunidades virtuales de aprendizaje. Revista Educar, nº 37: La gestión del conocimiento. 2006.

Llopis-García, R., Real Espinosa, J. M. y Ruiz Campillo J. P. Qué gramática enseñar, qué gramática aprender. Edinumen. 2012.

Real Espinosa, J.M. La herejía de Ser y Estar. Revista Marco ELE, nº 4. 2007

VV. AA. Gramática básica del estudiante de español. Difusión. 2011 (edición revisada).

Atribución de fotografías.

Silla de inicio de la entrada. EUGENIOhttps://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/
Silla amarilla de madera. Aimé Verahttps://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/
Silla Phillippe Strack. Moonoahttps://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
Silla coja. Daniel Lobohttps://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
Muchas sillas. Manuel Freiría. https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/
Asiento Metro. Daniel Lobo. https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
Sillas en círculo. Wollyvonwolleroy  CC0 Public Domain
Silla clásica. Alice Key Studio CC0 Public Domain
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