La emoción frente al manual de clase.

Creo que en estos tiempos nos enfrentamos a una pregunta clave para hacer que el estudiante entienda como relevante la asistencia a clase -ya sea física o virtual-: ¿cuáles son los materiales que realmente provocarán la activación de la emoción en los estudiantes?

Gesto de sorpresa

Al afrontar la preparación de las clases con un método previamente fijado por el centro, es primordial hacerlo nuestro. Me refiero a hacerlo de la clase, no solo del profesor. Esto es algo que habremos oído ya muchas veces, incluso se puede leer en la introducción de algunos manuales, pero hay que plantearse cómo hacerlo. Para empezar, no se trata de actuar paso a paso y seguir palabra por palabra lo que allí se propone. De entrada, tenemos que fijarnos en los contenidos que se van a tratar y contrastarlos con aquello que marcan las guías más generales que ya existen en el ámbito ELE para la clasificación de contenidos y las competencias deseables en cada nivel -hablo del MCER del Consejo de Europa, el Plan curricular del Instituto Cervantes o incluso el Plan curricular de español de los negocios de la Fundación Comillas-, si nos movemos en el ámbito educativo europeo.

Lógicamente, esta es una tarea que corresponde a los responsables del programa del centro y la planificación de los cursos, pero cualquier profesor no debería dejar de tener un conocimiento básico sobre estos a la hora de diseñar sus clases. Una vez los conozcamos, tendremos que recurrir a los intereses de nuestros estudiantes y es aquí donde muchos chocamos al empezar nuestras clases. ¿Cuántos se enfrentan a una primera clase sin conocer previamente a los alumnos? ¿Sus intereses, sus motivaciones, su contexto personal…? Somos legión, como se suele decir. ¿Qué hago en ese caso? Está claro que tenemos que tomar decisiones previamente pero eso no significa que cerremos el diseño de nuestras clases el primer día en el que los conocemos.

El uso de un manual es restrictivo para el desarrollo de una clase en la que queremos hacer partícipes a los alumnos, pero una vez les hacemos conscientes de este inconveniente, tenemos que plantearles que hay muchas cosas que se pueden adaptar a su forma de aprender. Eso es lo que tenemos que analizar antes de empezar, tras el análisis de los contenidos, para después poder ofrecérselo a ellos y debatirlo en clase. Si tienen claros los contenidos que necesitan trabajar, les propondremos analizar cada una de las unidades que componen el libro para valorar el grado de interés que tienen sobre los materiales que les ofrecen en ellas. Por supuesto, cada material está puesto ahí con un criterio, pero si no existe interés por él por parte de los estudiantes, ya puede estar muy bien planificado, que no funcionará. ¿Acaso no podemos cambiarlo por otro material que responda a los mismos objetivos? Claro, se trata de más trabajo, de buscar ese material, incluirlo en la unidad correspondiente, etc. Pero, si sabemos que el material incluido en el manual no va a funcionar, ¿no nos va a dar más trabajo conseguir motivar esa actividad? Eso si conseguimos motivarla.

Diseñar el proyecto común.

Nos queda la tarea de buscar ese nuevo material, a ser posible junto a los estudiantes, para mantener la finalidad de la tarea incluida en el manual. En este sentido, creo que una herramienta de formato no necesariamente digital, pero muy facilitadora en cuanto a la programación de tareas, es el panel para diseño de proyectos de Canvas que, por ejemplo, Conecta 13 desarrolla con muy buenos resultados en el campo educativo. Con esto podemos trabajar en clase el diseño de la actividad que pretendemos desarrollar como producto final de consumo; como artefacto que dar a consumir en el concepto de prosumidores ya mencionado en entradas anteriores. Puede resultar demasiado grande cambiar una simple actividad, pero lo cierto es que la falta de interés de los alumnos no suele darse solo por una única tarea, sino que suelen ir en bloque y más de una vez pueden dar lugar a un nuevo camino a seguir a la hora de trabajar los objetivos de una unidad o tema. El mero hecho de ponerse de acuerdo para conseguir ese material o producto ya es una forma de trabajo con la lengua meta, lo cual nos suele dar resultados que pueden provocar nuestro propio asombro. Dejar a los alumnos crear y organizar su propio aprendizaje -dirigidos siempre por el docente, que no puede perder su función de facilitador y guía en ningún momento- genera mayores resultados que cualquier actividad no motivadora.

Lógicamente, esto produce adicción, el alumno va a querer cambiarlo todo una vez le demos la posibilidad, pero esa es otra de las labores fundamentales del profesor, hacerles ver que muchas de las tareas que están puestas ahí tienen sentido y son eficaces. Solo vamos a cambiar aquello que sea necesario para conseguir mantener la motivación. Pero, ¿y por qué no cambiarlo todo? Seamos sinceros, si trabajamos con un método, el centro donde impartimos nuestras clases no nos va a dejar que hagamos lo que nos dé la gana sin más. Sería bonito, si tenemos los conocimientos necesarios para hacerlo con eficacia. Pero aquí tratamos realidades y eso es lo que estoy intentando transmitir. Para empezar, subrayo lo dicho: necesitamos unos conocimientos que es difícil que se den; y para terminar, aquí no defiendo que los manuales ya existentes no sean lo suficientemente buenos para no usarlos. No se puede olvidar que detrás de estos hay todo un equipo pedagógico que trabaja en ellos y en muchas ocasiones se han probado los materiales varias veces. Se trata por tanto de cambiar aquello que no se adapte bien a las necesidades de nuestros alumnos, no de rechazar sin más los manuales.

Una breve experiencia.

Esto lo probé recientemente al tener que trabajar con información de un personaje que aparecía en el manual y que atraía bastante poco el interés de todos los alumnos. Propuse entonces la actividad de la entrevista a la que me he referido en las últimas y anteriores entradas a esta en la que uno de los objetivos era trabajar con ser y estar. El resultado no fue brillante, no os voy a engañar, pero tampoco era un grupo con el que iba a poder trabajar durante mucho más que unas cuántas horas y transformamos un simple trabajo de completar información dada por el profesor en un pequeño trabajo de investigación sobre personajes en los que tenían cierto interés. No llegaron a enviar el formulario pero durante la tarea asumieron que eran capaces de llegar a hacerlo si lograban terminarlo.

Lo que más me sorprendió como profesor es que nunca hubieran dado el paso de averiguar algo más sobre esos personajes que les interesaban antes de aquellos días en que compartimos clase y que ningún otro docente se lo hubiera propuesto antes -hablamos de un nivel B2-.

Sin adaptación, no hay emoción.

Si volvemos a la pregunta con la que empezaba, creo que la posibilidad de adaptar los materiales a la clase y a los alumnos nos dará la ventaja para conseguir que el alumno se emocione y sienta la necesidad de asistir a nuestra clase física o quiera continuar avanzando en su clase a distancia.

Una sola cosa más que añadir, si queremos que el Canvas para proyectos educativos de Conecta 13 funcione, debemos poner especial atención tanto en la tarea final como en la difusión para conseguir algo eficaz. Todos los pasos de este panel son importantes, pero lo que generará verdadera emoción será lo que vayan a conseguir los estudiantes como producto final y a quién va a llegar.

He querido escribir estas cinco últimas entradas en este blog para mostrar la reflexión que he hecho para llevar a cabo un cambio en mis clases, a partir de la renovación del manual que hemos realizado en el centro donde trabajo. Por eso le he dedicado esta última a la relación de los manuales con la emoción, pieza clave en el aprendizaje hoy en día, y que suele acabar en muchos casos con la frustración de seguir sin encontrar el material adecuado para que los estudiantes avancen.

El enfoque afectivo.

Hoy mismo leía un artículo en el que me parece que se recoge muy bien la situación del enfoque afectivo, con todo lo que conlleva en el aspecto de las emociones en clase, etc. y una de las cosas que más me siguen sorprendiendo es que esto ya se planteaba en los años 60 e incluso antes, pero hasta ahora no hemos tenido suficientes datos técnicos que confirmen su eficacia. Una vez comprobado, no podemos hacer otra cosa que no sea caminar hacia este ámbito, el de buscar la emoción en nuestras clases, cambiando con criterio, aquello que sea necesario.

La tarea se me antoja emocionante, por lo que yo mismo pongo en práctica aquello que defiendo, que no hay atención en el aprendizaje sin emoción. En el último año he aprendido mucho sobre esto y, quizá de manera muy extensa, pero creo que permitiendo la propia reflexión y ampliación sobre el tema de aquellos que hayáis querido leer estas palabras es como he intentado contribuir a este enfoque hacia el que es necesario llevar nuestras clases: aprender emocionándose para aprender haciendo, o viceversa.

 

Atribución de imagen.
Gesto de sorpresa. Bianca Vola. Algunos derechos reservados

 

 

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