Y llegó… el primer día de clase.

Del big data al small data para un aprendizaje eficaz.

Lo malo de empezar una entrada de esta bitácora el 28 de agosto y terminarla el 12 de septiembre es que corres el riesgo de que uno o varios compañeros te pisen el tema sobre el que escribes. Eso te obliga a darle una vuelta al texto y aportar un toque diferente que, al menos, consiga que alguien se sienta interesado por un tema sobre el que ya ha leído varios artículos que -hay que asumirlo- pueden ser mejores que el tuyo. Pues bien, ahí va el resultado.

Sea por volver de vacaciones, por empezar un grupo nuevo o por ser el primer día de trabajo en un centro o en tu carrera, el primer día de clase no suele ser fácil de afrontar. Estudiantes nuevos o viejos conocidos en un nuevo nivel. En el primero de los casos puede que conozcamos un poco sus objetivos y necesidades, algún dato personal y poco más. Además contamos con la programación del centro para ese nivel o grupo tipo en concreto y, si eres un buen profesional, un boceto/guión del plan de clase que deseas desarrollar durante su desarrollo. Esto es lo que en el subtítulo de esta entrada se puede corresponder con el big data del que tanto estamos oyendo hablar en los últimos tiempos y del que tanto provecho comercial están sacando muchas empresas, según nos dicen.

El hecho de disponer de esto último no hará que nos relajemos, todo lo contrario, pues contamos -entre otras cosas- con el factor tiempo en nuestra contra, por no hablar de lo impredecibles que pueden ser los estudiantes con sus planteamientos y sentimientos sobre lo que esperan de la clase y de nosotros -aquí ya empieza a entrar en juego el small data, otro de los términos que empezamos a conocer gracias al marketing-. Así, un indicador de que la primera clase ha funcionado está en el hecho de que sea necesario corregir el mencionado plan de clase (a partir del big data) para futuras sesiones. El grado de corrección puede variar en función de la experiencia del docente, del conocimiento que se tenga del centro, de los alumnos (small data previo), etc. y de lo acertados que hayamos estado en su diseño.

 

 

sistema-binario-01

El usuario final no suele ver los datos de la manera en que los vemos en esta imagen, pero en lo más profundo trabajamos con estas secuencias.

Educar en el error y la confianza.

Permitidme decir algo que, lejos de ser una obviedad, la experiencia me ha demostrado que no debemos olvidar: hay que tener en cuenta que pocas veces sabe más el alumno que el docente -sobre docencia, quiero decir-, por lo que es bastante probable que el primero tenga cierto miedo/inseguridad/pánico ante lo que será su primera clase con nosotros. Esto genera diversos comportamientos en ellos como incontinencia a la hora de preguntar, falta de atención ante las indicaciones provocadas por motivos como el miedo a no acertar, a equivocarse o bloqueo -este puede ser su peor enemigo, por lo que no conviene ponerse nervioso para poder ayudar desde el primer día-. Por tanto, conviene recordar que la primera impresión no siempre es la que cuenta.

Es paradójico, quizás, pero determinados sistemas educativos -el español es un buen ejemplo de ello- penalizan el error. Así, el alumno acaba teniendo miedo a responder, sobre todo, si se le suma un carácter tímido o que la figura del profesor puede resultar intimidatoria o, al menos, demasiado distante o elevada jerárquicamente.

“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”. Goethe.

“Supongo que solo aquellos que no hacen nada están libres de cometer errores.” Joseph Conrad.

En relación con los estilos de aprendizaje y la autoestima en la enseñanza de idiomas, Isabella Hearn habla de las diferentes perspectivas con las que los alumnos pueden ver las cosas. Ya sabemos que hay distintos estilos de aprendizaje, por lo que no puede haber un único estilo de enseñanza. Es más, cada vez suena con más fuerza la idea de que la enseñanza es imposible, pues cada uno aprende a partir de distintos puntos de vista, estilos y atención al conjunto de elementos que se le presentan.

Por tanto, se debe tener en cuenta esto al recoger información -lo que entenderemos aquí como small data– para perfilar el diseño de clase desde el primer día. La labor puede parecer ardua, pero es peor frustrarse durante el curso o llegar al final de este con la sensación de haber fracasado. Todo ello nos lleva a tener que contar con la evaluación desde el principio, es decir, tratando de anticiparnos a los elementos que nos causarán esos problemas desde el inicio de la planificación y no esperar al final.

Para los amantes de Prezi, dejo aquí un repaso sobre la evaluación en el proceso de aprendizaje. Aunque solo es apto para aquellos que antepongan el efectismo de la aplicación Prezi sobre la corrección en la escritura. Si no os importa leer, resulta inspirador el monográfico de la revista Marco ELE dedicado a la evaluación y preparado por Fuensanta Puig, una de las personas que mejor preparadas están sobre este tema, no solo en España -cualquier artículo, libro, conferencia o taller a su cargo es prueba suficiente de ello, en mi opinión y desde mi experiencia-.

 

En la variedad está el aprendizaje.

Si planteamos nuestras clases con una variedad equilibrada en los tipos de actividades que queremos trabajar con los estudiantes, nos estaremos anticipando posiblemente a la manera de trabajar de muchos de nuestros alumnos -seamos optimistas y pensemos en la mayoría, ¿por qué no?-. Luego es más fácil ajustarse a las necesidades -el small data, insisto- más concretas de cada uno de ellos.

interfaz-movil

El usuario final acaba viendo una atractiva interfaz a través de la que llega a la información que desea. En nuestro caso, el profesor es quien diseña esa interfaz.

Eso se plasma, durante este primer día de clase, en actividades como conocerse formando un círculo en el centro de la clase y pasándose una pelota mientras responden a información realizada por ellos mismos, levantarse y moverse por la clase en busca de datos sobre sus compañeros para luego compartirlos, ya sea a viva voz o completando unas fichas de tamaño grande que previamente habremos colgado por la pared con tan solo el nombre de cada estudiante escrito en cada una de ellas.

En esta primera clase, como profesores, buscamos recopilar el máximo de información/small data posible. No hacemos juegos como el conocido de la estrella o el de la pelota, mencionado aquí, para que se diviertan, o no solo para eso; lo hacemos para que compartan la información de la manera más natural posible. Es verdad que puede haber estudiantes a los que nos les gusten este tipo de juegos. Toma nota y trata de darle una vuelta a la actividad para ver si la puedes adaptar pero, sobre todo, muestra cuál es la verdadera utilidad de lo que hacéis en clase para que puedan ir valorando los resultados y acepten los métodos si están resultando eficaces. No hay mejor argumento que la eficacia en los resultados. A las grandes compañías tecnológicas les funciona, nos ofrecen caramelos como aplicaciones gratuitas para hacerse con nuestros datos, y como a nosotros nos entretienen, se los ofrecemos sin rechistar. ¿Por qué no va a funcionar en nuestras clases con nuestros alumnos? Si se divierten, se abrirán a tus justificados propósitos.

Y una vez cuentes con la información que buscabas, ¿qué? Analízala, adáptala al método que pretendes utilizar en clase o modifica algunos de sus aspectos para poder acercarte a los alumnos a lo largo del curso, ofreciéndoles lo que les interesa. Esto debe ir apareciendo de manera gradual y continua durante todo el curso para que ellos vean que tú también te adaptas a ellos -son las actualizaciones de tu “aplicación” para aprender español-, pero haciéndolo de manera cómoda y segura, lo suficiente para que no haya demasiados fallos de planteamiento por tu parte. De esta forma perdemos algo en seguridad durante nuestras clases pero ganamos en eficacia. Además, no tendría mucho sentido que cambiaras tu forma de dar la clase radicalmente, pues los estudiantes pensarían que no hay planificación previa. Recuerda, sí la hay, pero no es inflexible y debe estar dirigida a cubrir las necesidades y los objetivos de aquellos a quienes facilitas su aprendizaje: los estudiantes.

Estamos en la Educación 3.0 ya y ten en cuenta que las versiones o actualizaciones de las aplicaciones que nos rodean actualmente de manera natural se suceden a mayor velocidad cada vez. ¿No tiene un docente que seguir la evolución de la realidad que enseña? Siempre, sin volverse loco, moderando esa velocidad y sabiendo a dónde queremos llegar. Para eso, insisto, hay que trabajar con la información disponible y eso lo tenemos que aprender, entre otros, del marketing y el uso que hacen del small data y del big data. Usemos lo bueno que nos ofrece y mejoremos lo que no nos convence. Es la base de todo.

¡Buen primer día de clase!

Bibliografía:

Pastor Cesteros, S. La evaluación del proceso de aprendizaje de segundas lenguas. Perspectivas teóricas y metodológicas: lengua de acogida, educación intercultural y contextos inclusivos. pp. 503-514. Comunidad de Madrid. Madrid. 2003.
Puig Soler, F. (Ed.) Evaluación (monográfico). Marco ELE. Revista de didáctica Español Lengua Extranjera. 2008 (7).

Créditos de imágenes y citas:

Ilustración del sistema binario. https://pixabay.com/es/users/geralt-9301/ Licencia CC0 Public Domain
Imagen de interfaz móvil. https://www.flickr.com/photos/antoniotajuelo/   Licencia CC: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
Fuente de las citas sobre el error: http://www.proverbia.net
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